El estadounidense Michel Phelps es el ídolo del loberense Elián Araya, como de muchos nadadores alrededor del planeta. A sus 25 años, Elián se apresta a competir en sus primeros Juegos Paralímpicos y lo primero que recuerda son sus comienzos, a los 11 años, cuando recibió una invitación de la escuela deportiva de Lobería. La natación y la educación que recibió en la escuela especial Nº 501 le cambiaron la vida: a pesar de ser sordo/mudo, sabe leer, escribir y comunicarse mediante el lenguaje de señas.

Así, integrándose desde niño, fue surcando andariveles y creciendo hasta convertirse en un deportista de élite en la categoría S14, que agrupa a los competidores con alguna discapacidad intelectual. Desde su debut en un torneo Open Caixa Loterias, en Brasil, ha experimentado un marcado progreso: “En este período olímpico bajé las marcas en 100 metros pecho, en la que me posicioné noveno a nivel mundial, y también en los 100 metros espalda y los 200 metros medley. Fue un buen proceso, de mucho trabajo y adaptaciones”, sintetiza.

La preparación de cara a Río de Janeiro 2016 fue intensa pero además de las becas nacionales contó con  el apoyo de la Federación Argentina de Deportes para Personas con Discapacidad Mental (FADDIM), de la que agradece especialmente a su presidente Franco Petta porque “está siempre presente”, y de la Municipalidad de Lobería. “Entrenamos diez sesiones semanales, con cuatro días de gimnasio. En cuanto a torneos, participo en competencias de nadadores convencionales de calendario nacional, como así también de natación adaptada”, cuenta. Su dedicación a la natación es absoluta.

-¿Quiénes son los referentes mundiales en S14 que competirán en las mismas pruebas que vos (100 metros pecho, 100 metros espalda y en 200 metros combinados)?

-Varios, los más fuertes son Marc Evers (Holanda), Scott Quin (Gran Bretaña), Artem Pavlenko (Rusia), Adam Ismael Wenham (Noruega) y Wa Kit Choi (Hong Kong).

-¿Con qué expectativas vas?

 -Voy a tratar de entrar a la final de 100 pecho y quedar dentro de los 8 mejores. Pero más allá de lo deportivo, ir a los Juegos significa una instancia de superación, un gran orgullo y una enorme motivación personal.