El destino quiso que Rocío Ledesma se dedicara al judo. En su Corrientes natal, a los 7 años hacía danza clásica, hasta que un tío llegó a la ciudad y provocó el cambio de deporte. “Alfredo es profesor de judo. Justo mi profesora de danza se había ido de viaje y mi tío todavía no había conseguido alumnos, así que empecé a tomar clases con él”, le contó a Paradeportes.

Pero hubo más casualidades cuando la mandaron al club San Martín: “Judo era en el mismo horario que danza. Tuve que elegir, me quedé con judo y no paré nunca más”. Tras ese comienzo en Corrientes, a los 10 se radicó en Tierra del Fuego con su familia y a los 13 conoció al entrenador Guillermo Traba, que la sumó a la Selección junto a los judocas con discapacidad visual.

A los 21, Ledesma se prepara para Lima con la misión de subir al podio en la categoría hasta 52 kilos como en Toronto 2015, donde ganó dos luchas y se colgó la de bronce. “En mis segundos Parapanamericanos quiero una nueva medalla. En Toronto, me impresionó la ceremonia de apertura y la disfruté con muchísimo orgullo, porque tantos deportistas sueñan con estar ahí”, confesó Rocío.

-Después de la mudanza de Corrientes a Tierra del Fuego hubo otra al CeNARD. ¿Cómo viviste el cambio?

-Las cosas se me dieron muy rápido. Sigo siendo la más chica de la Selección como en el 2015. Para vivir en el CeNARD dejamos familia, amigos y comodidades, pero tenemos todo para crecer como deportistas.

-En el CeNARD hasta conociste a una campeona olímpica como Paula Pareto. ¿Qué significa tenerla cerca?

-La conocí antes de Río 2016, es lo más y sabe un montón, no solo de judo. Siempre me pareció una grosa, porque no hace ninguna diferencia con nosotras y trata a todos como sus compañeros. A veces nos viene a buscar para luchar. Tiene una humildad que sorprende. Es un honor compartir un entrenamiento con ella.

Ledesma debutó internacionalmente con una medalla de oro en los Parapanamericanos Juveniles realizados en el 2013 en Buenos Aires, repitió el primer lugar en el 2017 en San Pablo y en el 2018 salió tercera en el Panamericano de Calgary, competencia organizada por IBSA (Federación Internacional de Deportes para Ciegos).

En los entrenamientos en el CeNARD también ajusta detalles para un clasificatorio mundial de IBSA, a desarrollarse del 30 de junio al 6 de julio en Indiana, que otorga puntos para Tokio y sirve como previa de Lima: “Tengo como objetivo la clasificación a los Juegos Paralímpicos del 2020. Para los de Río era chica pero ahora voy por eso”.

Rocío recuerda lo difícil de sus inicios y disfruta el presente rumbo a los Parapanamericanos. “Soy la única judoca paralímpica en Tierra del Fuego. No tenemos suficiente competencia interna. En un torneo con convencionales, un árbitro le preguntó a mi entrenador para qué me llevaba, si yo no veía y seguro perdía… Con el apoyo de mi familia, seguí para adelante y hasta acá llegué”, analizó. Lima la espera.

Texto: Andrés Pando / Foto: IBSA Judo