Pablo Martínez tiene 30 años. Vive en la ciudad de Mar del Plata e integra la Selección Argentina de surf adaptado. En el año 2016, se convirtió en la primera persona ciega en representar al país en la disciplina. Perdió la visión a los 5 años casi de manera repentina. El diagnóstico fue “una neuritis óptica bilateral”. Pero el ‘no puedo’ nunca fue una opción para él. Hoy, lo movilizan sus dos pasiones: el surf, claro. Y el coaching, su nuevo amor.

“El coaching y el surf son complementarios en mi vida. Amplié mi escucha. Trabajo de un modo más entrenado mis emociones y eso pude llevarlo a las competencias”, contó Martínez, que representa a la Argentina en la categoría “Disminuidos visuales”, que integran personas ciegas y disminuidas visuales.


Pablo se subió a la tabla de surf por primera vez en el año 2016. Cuando un profesor amigo le propuso darle unas clases: “Encontré en el surf adaptado un deporte que me hace feliz. Con el que puedo cumplir sueños y viajar a mundiales a representar el país”, sostuvo Martínez que, además, es estudiante de kinesiología en la Universidad Nacional de Mar del Plata.

Desde entonces, disputó cuatro Campeonatos Mundiales ISA (International Surf Asociation) y fue dos veces consecutivas campeón sudamericano (2018 y 2019). “Nunca podría haber soñado todo lo que conseguí”, relata.



Ahora, con las competencias de surf en pausa por el año de pandemia, Pablo pudo dedicarle más tiempo a su otra pasión: el coaching. El marplatense comenzó a dar sesiones por videollamada y por Zoom. Y también hace entrevistas por su cuenta de Instagram @surfeandovida.

¿De qué se trata el coaching? ”El coaching tiene dos grandes premisas: todas las personas somos capaces de crear hacia al futuro algo que no hayamos creado hasta ahora. Y podemos reinventarnos. La idea es que te preguntes algo que no te habías preguntado antes”, explica Martínez. “No es terapéutico, no busca en el pasado. La persona mira hacia el futuro”, agrega.

Estudia a la mañana y se entrena por las tardes. Suma horas de vuelo en su nueva profesión y espera con ansias el día que pueda volver a representar al país arriba de su tabla de surf. Como le enseñó el coaching, Pablo siempre va para adelante. Y sueña con ganar una medalla que ponga la bandera argentina en lo más alto del surf mundial.