“La vida me enseñó que no hay imposibles. Sé que hay cosas que no puedo hacer…por ahora”. El dueño de estas palabras es Sergio Zayas, un nadador ciego de 29 años que derrocha alegría, entusiasmo y optimismo. “Está claro que manejar un auto no podemos, pero los ciegos algún día vamos a poder”, señala.

Zayas nació ciego por una retinopatía prematura grado 5 severo y no tiene bien desarrollado el nervio óptico. Llegó al mundo con apenas seis meses y los primeros tres los pasó en una incubadora. “Por los problemas respiratorios que arrastré desde entonces comencé natación cuando tenía cuatro años”, explica.


Así fue como dio sus primeros pasos en diferentes escuelitas santafesinas hasta que un día un profesor observó que Sergio tenía muchas cualidades y lo convocó para participar en los torneos nacionales. A los 13 años, llegó ese llamado inesperado para ser parte de la Selección Argentina.

A partir de entonces, todo cambió y sus viajes de Santa Fe a Buenos Aires fueron parte de su rutina. Un mundo desconocido. “Fue muy loco todo porque nunca había estado tanto tiempo lejos de casa. De pronto, una concentración en el CeNARD. Yo no conocía ni sabía lo que era el CeNARD”, dice del centro de entrenamiento donde realiza sus entrenamientos desde hace más de 15 años.


Entonces, llegaron los logros. En los Parapanamericanos de Mar del Plata 2003 se subió a su primer podio internacional por la plateada que consiguió en los 100 metros espalda. Desde entonces construyó una carrera notable que incluyó tres Juegos Paralímpicos. Tras conseguir un diploma en Beijing 2008, el santafesino participó en Londres 2012 y Río 2016.

Amante del automovilismo, hincha de Colón y periodista deportivo. Zayas, que está de novio con Florencia de la Vega (nadadora ciega que integra el seleccionado argentino) siempre se dio todos los gustos. “Una vez le dije a mi entrenador Maxi Videla que quería jugar un partido de Play. Y así fue. Me explicó y nos largamos. Jugamos juntos en el mismo equipo y hasta me ayudó a meter un gol”, cuenta como si fuera algo común y silvestre.

Para Zayas, parece, todo es sencillo. Pero no. “Hay cosas fáciles y difíciles. Como todo. Pero le pongo ganas, empeño y sacrificio”, explica mientras sueña con sentarse frente a un volante para cumplir otro sueño.