A Mariano Travaglino bien se lo podía catalogar como un visionario. Desde el desconocimiento y la pasión, vio una oportunidad y no la dejó pasar. De aquel grupo de 100 árbitros que tuvieron la misma chance de experimentar en el fútbol para ciegos, apenas uno levantó la mano, dio el paso al frente y probó. Atrás habían quedado las jornadas sobre la ceguera y el reglamento. Allá, adelante, había un mundo nuevo y Travaglino lo supo explorar.

“Hasta que hice los cursos no conocía el fútbol para ciegos y ni siquiera había interactuado con una persona ciega. No se me pasaba por la cabeza que, además, había un torneo de fútbol”, recuerda Travaglino. Así, poco a poco, comenzó a colaborar y, claro, el destino le guiñó un ojo en 2003, cuando lo designaron para dirigir un partido de la Liga Nacional. “Fue raro porque estuve 15 minutos y no pité nada. Así empecé”, dice, entre risas.

Mariano Travaglino dirigiendo en el Mundial de fútbol para ciegos Madrid 2018.

Así, con mucho esfuerzo se insertó en un mundo que poco antes era desconocido. Su personalidad y su perseverancia fueron determinantes para su crecimiento. En 2006 tuvo su debut internacional en el Torneo Internacional IBSA de San Pablo y le tocó estar en la final entre Brasil y Paraguay, y tuvo el “honor” de expulsar a Ricardinho, uno de los mejores del mundo que en ese entonces tenía apenas 16 años. Fue la única roja que recibió en su carrera.

Todo pintaba color de rosa para Travaglino. Demasiado lindo para ser real. Será por eso que el destino le puso una piedra en el camino: se rompió el ligamento cruzado de la rodilla en la previa del Mundial de Argentina 2006. Un golpe duro que incluyó dos operaciones, cuatro meses de muletas y una rehabilitación complicada. Un llamado de Diego Cerega, un símbolo de Los Murciélagos, lo marcó para siempre: “Soy ciego y lo seré toda la vida. Dejá de quejarte que ya vas a volver a caminar”.

Volvió al ruedo más motivado que antes y así, continuó su camino ascendente. En 2007 dirigió su primera final entre Argentina y Brasil, y se convirtió en moneda corriente de cada evento internacional. A Travaglino le pasó, por ejemplo, tener que dirigir una final de la Copa América y perderse la entrega de premios porque sino se perdía el viaje a Japón para estar en la Copa Asiática.

Entonces llegó el Mundial de Inglaterra 2010. “Fue mi mejor torneo. Todo me salió bien”, relata. Al año siguiente, a su entusiasmo por dirigir se le sumó otra inquietud: difundir la actividad deportiva de las personas ciegas. Con su compañera Mariana armaron un programa de radio que salía una vez por semana en Internet. Mientras tanto, las convocatorias seguían una detrás de otra: Londres 2012, el plato fuerte. También en Río 2016.

Travaglino, en acción.

Travaglino fue construyendo su propio camino porque además de dirigir los partidos más importantes del mundo se le agregaron más obligaciones en el Subcomité de Fútbol para Ciegos, delegado técnico y coordinador de árbitros mundial para IBSA. “Fue un nuevo desafío porque había que cumplir otras funciones: negociaciones, asuntos organizativos”, explica. Su pasaporte, mientras tanto, seguía acumulando sellos.

Así, Argentina tiene al número uno del mundo del arbitraje para ciegos. “Lo hago con pasión y a pulmón. El deporte paralímpico no es un ámbito para llenarse los bolsillos, pero el placer es impagable”. Lo afirma Travaglino, el único árbitro que se animó a vivir una experiencia diferente en 2003 y supo darle un buen destino a su increíble carrera.