Cada vez que Juan Samorano pasaba por el gimnasio se quedaba un rato esuchando esos gritos que iban y venían. Miraba, tímidamente, como esas personas se pegaban patadas y se golpeaban. El taekwondo, en ese entonces, no estaba en su glosario.
 
Hasta que un día se animó y fue más allá. Pidió permiso, entró, observó una clase y habló con profesor. “¿Te gusta? Cuando quieras venir, te espero y te enseño”, le dijo Eduardo Guzmán a ese flaquito que solía jugar al fútbol con sus amigos pero que ahora quería cambiar el rumbo de su vida.
Samorano, que había sufrido un accidente de tránsito que le costó el brazo derecho, se entusiaSmó. Fue a una clase, y luego a otra. Y así, entonces, se enganchó con el taekwondo y se entrenó con atletas convencionales.
 
Pasó el tiempo y hoy Samorano es uno de los referentes del parataekwondo nacional. A los 39 años se transformó en el único argentino en los Juegos Paralímpicos de Tokio, deporte que debutó en esta edición. “Estoy bien física y mentalmente”, le dijo a Paradeportes antes de la competencia.
Atrás había quedado ese pasado en el que tenía que rebuscárselas para conseguir dinero. Fue albañil con su papá y repartidor de sushi. Hasta se compró una máquina para cortar el pasto y hacer changas. La medalla de bronce que obtuvo en Lima 2019 le abrió muchas puertas y, entonces, se dedicó únicamente a entrenar.
 
Con el apoyo del ENARD y de la Secretaría de Deportes solo se concentró en combatir y así consiguió el pasaje a Tokio en el clasificatorio de Costa Rica. “Mi éxito siempre fue no aflojar”, dice este atleta de Merlo que sueña a lo grande.
 
Samorano se preparó así para este gran desafío. Practicó con los atletas convencionales y eso lo motivó: “Es genial practicar con ellos porque afino muchos los detalles. Sé que si le hago 6 puntos a un convencional, a uno de mi categoría le puedo hacer el doble”.
 
Foto: Fabián Morassut