“En la cancha me siento libre como un pajarito” decía Claudio Monzón, delantero veloz, fuerte, experto en diagonales que enloquecían a los defensores. Hincha fanático de Boca, cumplió el sueño de usar la de 10 de sus ídolos Maradona y Riquelme. Y no solo eso, en el primer superclásico de la historia del fútbol 5 para ciegos, Claudio hizo el único gol del partido frente a River, el gol del triunfo, allá por mayo de 2016 en el Cenard. Hizo historia.

Había nacido en Rosario en 1982, lo crió su abuela y a los 6 años quedó ciego pero nada lo intimidó. Siempre con una sonrisa, encaró uno a uno cada desafío. Estudió abogacía y fue deportista por excelencia, hizo de todo: judo, salto en largo y hasta fue campeón nacional en 100 y 200 metros llanos. Pero el fútbol era su gran pasión. A los 13 años ya viajaba a Buenos Aires para ir al Instituto Román Rosell de San Isidro donde aprendió braille y conoció la pelota de cascabel. Ahí cambió su vida.

Debutó en ARDEC (Asociación Rosarina de Deportes para Ciegos) y fue campeón de la Liga Nacional de fútbol 5 para ciegos en 2009, luego pasó por su amado Boca Juniors junto a Silvio Velo y en 2017 se incorporó al nuevo equipo Fundación Paradeportes – Cañuelas FC, donde se transformó en figura y su máximo goleador. También brilló en Peñarol de Montevideo y en equipos de Brasil.

“Levantarse es mucho mejor que quedarse tirado y si tienen un sueño traten de cumplirlo”, repetía Claudio. Y lo cumplió. Vestir la camiseta de la Selección Argentina fue su máximo orgullo: “Me sentí realizado, fue lo que siempre había soñado”, solía decir en las entrevistas. Jugó en Los Murciélagos durante casi 10 años y participó de la Copa América Buenos Aires 2009, la Copa Río de la Plata 2010, la Copa del Mundo para Ciegos Hereford 2010, la VIII Copa América Santa Fe 2013 -de la que fueron subcampeones- y la Copa Binacional Mendoza 2015.

Claudio Alejandro Monzón murió el domingo 19 de junio, el Día del Padre. Un día muy triste para sus cuatro hijos (dos varones y dos mujeres) y su familia. Luchó durante dos años contra distintos tipos de cánceres que se le cruzaron de manera impiadosa en el camino. Y dio pelea hasta el último día. La muerte se lo llevó muy joven, pero dejó un legado que lo hará cada vez más grande. Su espíritu de lucha y dedicación hacia sus hijos lo ponen en lo más alto. Su buen humor y esa sonrisa pícara también quedará en el recuerdo de quienes lo quisimos. Claudio, gracias por tus goles, gracias por tu lucha. Tu ejemplo quedará en nuestra memoria y en nuestros corazones. Te vamos a extrañar.