El destino, muchas veces, guiña un ojo. Mariano Morana puede dar fe de esto. Porque su extenso recorrido con el seleccionado de fútbol para personas con parálisis cerebral tuvo esa pizca de suerte que siempre se necesita. Fue en el año 2007 cuando Rodrigo jugaba en Sud América de Miramar un amistoso con la Selección Argentina de Fútbol 7 y detectaron que tenía una leve discapacidad.

El preparador físico de la Selección, Claudio Morinigo, agudizó la vista y la enfocó en ese futbolista de Sud América que tenía mucho talento. Y descubrió, con ese ojo de halcón que tienen los especialistas, que Rodrigo Morana tenía una discapacidad motora muy leve. “Yo no sabía nada. Pero si no es por ese amistoso jamás hubiera jugado para Argentina”, dice el volante que ya suma 15 años defendiendo la celeste y blanca.

La historia cuenta por falta de oxígeno al nacer afectó el brazo derecho de Rodrigo. La historia cuenta, también, que desde aquel amistoso su vida cambió. Porque casi sin saber formó parte de un seleccionado y ese mismo año tuvo una concentración en Mar del Plata. Y cuando todavía estaba frotándose los ojos para ver si era cierto le avisaron que iba a formar parte del equipo que jugaría los Parapanamericanos de Río de Janeiro.

“Vas a ser titular”, le dijeron cuando llegó a Brasil. Fue debut con gol para el 2 a 1 frente a Canadá. El destino, otra vez, apareció en su vida para este futbolista de 31 años. Desde aquella tarde en Río al día de hoy, Rodrigo Morana tiene una colección de medallas, diplomas y trofeos. Y todo haciendo lo que más le gusta: jugando al fútbol.

Tenía cuatro años cuando comenzó a patear una pelota en su Miramar natal y hacía delicias en el Club Atlético Miramar, donde jugó hasta los 15 para desembarcar en Sud América. Después pasó por Unión de Parquemar y San Martín para regresar a Sud América. Hoy juega en Ferro de la ciudad balnearia junto a su hermano Damián.

“El fútbol es mi pasión. Es el deporte más lindo y atrapante. Ponerte la camiseta y representar a tu país es lo mejor que me pasó en la vida. No se compara con nada. Ya llevo 15 años y ojalá pueda hacerlo un tiempo más”, dice este fanático de Racing que solo tiene palabras de agradecimiento para el fútbol. “Me ayudó mucho, me dio oportunidades, me permitió conocer otros países y culturas. Hice amistades y el día de mañana me gustaría seguir como director técnico, ¿por qué no?”, se pregunta. Todo, por culpa de aquel amistoso en 2007, cuando el destino le guiñó un ojo.