El rosarino Fernando “Pipo” Carlomagno la rompió en el 2019: se colgó tres medallas en los Juegos Parapanamericanos de Lima (una dorada y dos de bronce) y también una en el Mundial de Londres (bronce en los 100 metros espalda S7). Para este 2020 venía dulce con los Juegos Paralímpicos de Tokio en mira. Pero la pandemia de coronavirus, como a todos, le cambió los planes. Igual Pipo no se amarga y le pone buena onda: “Tenía muchas expectativas, pero un año más para prepararse no viene mal”. Y, además, tiró un mensaje que ilusiona: “La natación paralímpica argentina va a dar la sorpresa en los Juegos Paralímpicos de Tokio”, aseguró en Paradeportes Radio, el programa del deporte adaptado, inclusivo y paralímpico argentino (miércoles, de 21 a 22, por ECO Medios AM1220 y en vivo desde la Fan Page de Paradeportes).

Para los nadadores, el encierro es una complicación extra. Casi ninguno tiene una pileta para darse un chapuzón y hacer un par de largos. “Los que tienen una pileta en su casa se ponen una soga en la cintura y, atados a un árbol o lo que tengan, nadan todo lo que pueden. Así pueden nadar en el lugar. Yo hago mucho físico para no perder fuerza y que la vuelta al agua sea lo más leve posible cuando nos toque volver. Hay que adaptarse, como todos”, dijo Pipo desde Rosario. Dice que está en contacto permanente con sus compañeros del seleccionado, que ahora juega un poco más a la Play y que se prende en los challenges como lo hizo con el #DesafioParadeportes que pretende unir con ejercicios los 18.351 km que hay entre Buenos Aires y Tokio.

Sin embargo, en esta cuarentena, Carlomagno también le dedica tiempo a su futura carrera: maestro de primaria. Con sus 26 años, ya le queda poco para recibirse de maestro, una de las profesiones más nobles que existen: “Estoy estudiando para maestro de educación primaria, ahora estoy empezando con las clases online. En esta cuarentena estoy haciendo un trabajo de interioridad. A mi edad, y más allá de la natación, pienso en el futuro. Un día el físico dirá basta y hay que tener algo planeado. Además, me gusta la idea de que los más chicos vean que una persona con discapacidad también pueda estar al frente de un aula y transmitir todo su conocimiento y experiencia”, confiesa Pipo, que no solo sueña con subirse a un podio en los Juegos. También se ilusiona con ponerse el guardapolvo blanco, tal vez la medalla dorada más importante que pueda conseguir.