Las vueltas de la vida muchas veces cambian el destino. O al menos lo modifican. Es el caso de Ana Elizabeth Noriega, que casi sin querer se encontró con la natación deportiva, una de sus pasiones.

Cuenta la historia que en 2012, “Eli” viajó desde Arroyito, la ciudad cordobesa donde nació, hasta Ushuaia, con el fin de visitar a su hermana. Que esas vacaciones se extendieron y que decidió plantar bandera en Tierra del Fuego. Para eso, claro, había que conseguir trabajo.

Fue una de esas tardes que Noriega se encontraba recorriendo la ciudad cuando se encontró con el Centro de Actividades Alternativa para Personas con Discapacidad (CAAD). “Me di cuenta que tenía condiciones biomecánicas de buena envergadura y le propuse comenzar con la natación, que además era una disciplina que le gustaba”, recuerda el profesor Lisandro Muhoberac.

“Su máximo potencial es su perseverancia y sus deseos de mejorar siempre. Aprende y se embala. Es inclaudicable”, dice su descubridor sobre Ana Elizabeth Noriega, la nadadora de 34 años que tiene parálisis cerebral espástica de nacimiento y representará a la Argentina en los Juegos Paralímpicos de Tokio.

Allí, en la pileta, es donde ella se siente cómoda. Comenzó a nadar a los 4 años por una recomendación médica para su rehabilitación, pero recién empezó a competir en el año 2013. “Nadar me transmite esa hermosa sensación de libertad, donde puedo ser yo misma y eso es algo maravilloso”, dice la protagonista de esta historia, que ama leer y es un producto del CAAD, institución madre del deporte adaptado de Tierra del Fuego.

A la hora de repasar logros, de recordar triunfos y revivir medallas, Noriega no puede ocultar su alegría cuando la confirmaron para Tokio: “Todo el esfuerzo valió la pena. Estaba con mamá. La abracé y lloramos juntas porque solo nosotras sabemos lo que nos costó. Ahora mi objetivo es llevar la bandera argentina a lo más alto. Voy a seguir trabajando para eso”.

¿Cómo es la natación adaptada?