Está claro que Caín Arufe lleva el deporte en la sangre. Ya tenía seis años cuando picaba la pelota de básquet en la Municipalidad de Saldán, la ciudad cordobesa que lo vio nacer. Pero su entusiasmo siempre fue en aumento y probó con varias disciplinas: vóleibol, handball, karate, béisbol y tenis de mesa.

Recién a los 14 años, un profesor de educación física del Instituto Mileino Villa Allende percibió que Caín tenía cualidades para el atletismo. Marcelo Fleman vio más allá y le pasó el dato a Juan Farías.

El propio Farías, especialista en atletismo, pulió ese diamante en bruto. Caín hizo salto en largo, carreras y disco. Pero donde realmente hizo diferencia fue en el lanzamiento de jabalina. Su debut en competencia fue a los 16 años en el estadio Mario Alberto Kempes.

“El atletismo es mi vida, parte de mi cuerpo. Se lo recomiendo a mucha gente para que tengan una vida saludable y descubran sus habilidades, como me sucedió a mí”, dice este joven de 20 años.

Como todo lanzador de jabalina su espejo fue Braian Toledo, el argentino que murió en febrero de 2020. “Mi sueño era conocerlo por lo que representó para nuestro país. Sería un honor conseguir una medalla para Argentina y dedicársela a él”, indica.

Caín Arufe tendrá la oportunidad de conseguir esa medalla en el Mundial que se desarrollará en la ciudad polaca de Lublin en agosto. Allí, por primera vez en la historia, el seleccionado de atletismo para sordos dirá presente en la competencia.