Antonella Ruiz Díaz comenzó la competencia con un gesto serio, adusto. Concentración al 100%. Esa seriedad le fue dando rienda suelta a la sonrisa en cada lanzamiento. Ni hablar cuando en su cuarto intento alcanzó los 9.50, su mejor marca personal y la que, en definitiva, le permitió quedarse con la medalla de bronce en los Juegos Paralímpicos de Tokio 2020 en su primera experiencia en la máxima cita.

Fueron seis intentos (9.11, 9.35, 8.84, 9.50, 8.97 y 9.26), para la debutante de 24 años que cuando se confirmó que tenía un lugar en el podio asegurado pegó un par de saltos, saludó a los argentinos que la alentaron desde la tribuna y se vistió con la bandera celeste y blanca.

Después, saludó a la tunecina Raoua Tlili, que ganó la prueba con 10.55 (récord mundial) y se abrazó con la colombiana Mayerli Buitrago Ariza, tercera con 9.94. En ese trayecto, Antonella saludó a la cámara oficial de la transmisión.

Es que a través de esa cámara de transmisión, y a miles de kilómetros, allá en Gualeguaychú, sus seres queridos se reunieron para alentarla a la distancia. Por eso, esa emoción y esas lágrimas.