Los Juegos Paralímpicos son para Sergio Zayas la cima de una carrera deportiva a la que le dedicó todo su tiempo en el último año. Porque para entrenar a pleno tuvo que postergar momentáneamente su otra pasión: el periodismo deportivo: “Me recibí y hasta hace unos meses estuve trabajando, haciendo radio como para sumar un poco de experiencia; pero lo tuve que dejar porque la clasificación a Río era muy dura. Después de septiembre intentaré retomar, voy a buscar la forma de llevar adelante la vocación del periodismo a la par de la natación”.

Enfocado en la competición, sabe muy bien quiénes serán sus rivales en aguas cariocas: “En los 100 metros espalda está mezclado: hay un estadounidense, un japonés, y siempre hay buenos representantes de Rusia, Ucrania, España, Canadá y Brasil. Pero en los 400 metros libres es todo más acotado, son tres candidatos seguros a medallas: un estadounidense que va a ganar el oro, un brasileño y un español. Después vienen un ucraniano y yo tengo posibilidad de meterme en la final, junto a algún ruso y algún polaco”.

-¿Cuáles son tus expectativas?

-Pretendo mejorar mis tiempos: en 400 metros libres tengo 5m3s y quiero bajarla a 5 minutos, con el objetivo de meterme en la final. Y en los 100 metros espalda, si bien está muy difícil, hice 1m15s70/100, una buena marca.

-¿Tenés un ídolo o un modelo en la natación?

– Sí, José Meolans. Hoy tengo la suerte de conocerlo, a él y a muchos de los participantes olímpicos. Pude compartir andariveles de la pileta con dos de los que fueron a los Juegos Olímpicos: Julia Sebastián y Santiago Grassi, que son de Santa Fe y tengo la suerte de llevar una muy buena relación con ellos.

Sergio se inició en la natación a los 4 años en el club Banco Provincia: “Por entonces era el único ciego que se tiraba a la pileta. Después, la escuela de ciegos hizo un convenio con ese club para poder practicar. Y a los 10 años pasé a Cilsa para competir a nivel nacional”.

Toda su trayectoria fue en ascenso. “Cuando arranqué con la medalla de plata en los Parapanamericanos Mar del Plata 2003 no sabía dónde estaba. Era un pibe de 13 años y me daba cuenta que era algo importante representar a la Argentina, pero no intuía todo lo que vendría. Llegué a Beijing con 17 años y logré meterme en dos finales. Me metí en Londres con más experiencia pero no pude entrar a las finales. Me entristeció un poco y me dio más ganas de revancha, algo que busco ahora en Río”, sintetiza.

Será más que una revancha deportiva: “Eso de ‘no se puede’ para mí no va. Estar en los Juegos es romper una barrera”, sintetiza. Llegó la hora de Río de Janeiro 2016 y valora este momento: “Es muy gratificante y no son muchos los que pueden llegar. Uno tiene que llevar esa bandera de dejar todo, de representar a quienes quedaron afuera, dar lo mejor, sentirse orgulloso y disfrutarlo, porque no sé si se va volver a repetir”.