Desde muy chiquita sintió la atracción del agua y cuando tenía 9 años, su madre la anotó en el equipo de natación del club Pico Foot Ball, en su General Pico natal. A los 17 años se fue a vivir a Santa Rosa, la capital pampeana, para tener una mejor preparación en el Club All Boys, “con un gran entrenador como José Luis Weigandt”, destaca. Hoy, con 19 años, ya lleva más de dos de entrenamiento en alto rendimiento.

Los sacrificios y las distancias tuvieron sus frutos. El primero, e inolvidable, fue cuando viajó a Brasil a representar a la Argentina en un torneo oficial, donde empezó a cosechar muy buenos resultados. Siempre creciendo, se subió a los podios en el Sudamericano de Medellín (Colombia) y en los Juegos Parapanamericanos Toronto 2015. Fue finalista en el Mundial de Glasgow (Escocia) y ahora va por su desafío mayor: los Juegos de Río. “Me empecé a tomar de manera seria este deporte desde hace unos años ya que representar a nuestro país merece encararlo así. A cualquier deportista le gustaría estar en este lugar. Estas oportunidades son únicas y más para alguien que le apasiona el deporte como a mí”, afirma Ana, con mucho aplomo pese a su juventud.

De cara a su primera cita olímpica, entrena 9 turnos por semana de casi 3 horas cada uno y suma circuitos de trabajos físicos fuera del agua. Ya en el tramo final de la preparación participó en algunos torneos internacionales en los que, junto al equipo argentino, pudo medirse contra algunos de los rivales que encontrará en Brasil. Aquí resulta vital el apoyo de la Federación Argentina de Deportes para Ciegos (FADEC) y del club All Boys de Santa Rosa: “Desde un principio ellos y mi entrenador me abrieron las puertas para entrenar allí sin pedir nada a cambio, y eso es algo que jamás voy a olvidar”. También expresa su agradecimiento a Speedo, que le aporta la indumentaria, y a la bebida Powerade, que este año se sumaron como patrocinadores. Estas ayudas que se suman a las becas oficiales hicieron posible que dedicara el año entero a la puesta a punto para los Juegos Paralímpicos, aunque ya planea que en 2017 comenzará una carrera universitaria.

Ana tiene muchas expectativas de cara a Río: “Disfrutar del primero al último día ya que van a ser mis primeros Juegos. Y en la competencia entrar a las dos finales en 100 metros espalda y en 50 metros libres, para buscar los mejores resultados posibles para mí y para Argentina, por sobre todas las cosas”. Su filosofía hacia las adversarias que encontrará es muy especial: “En este deporte nunca se sabe lo que puede pasar, todas pueden mejorar o empeorar, creo que nunca tenés que ir fijándote en cómo le va a ir al otro, sino ir pensando en mejorar vos y ya con eso todo va a salir bien”.

Confianza, que le dicen. “No tengo un referente en particular; soy muy apasionada por el deporte, admiro a muchos deportistas, sobre todo a los que se toman esto como algo serio”, concluye.

-¿Hay muchos que no lo toman tan en serio?

-Para mí es importante poder estar en estos Juegos porque poca gente creía en mí, muy pocos me veían adentro de Río. Sin embargo yo seguí entrenando como si ya estuviera clasificada aunque todavía no estaba confirmada, porque la marca A de 100 metros espalda para Río la había hecho en marzo de 2015, y la confirmación llegó recién en abril de este año… A veces pienso que es el “derecho de piso” que hay que pagar por ser “nueva” en esto, pero a estas cosas hay que dejarlas en el camino, de todo se aprende, todo sirve en esta vida.

-¿Qué pasa por tu cabeza en los momentos previos a los Juegos?

-Para un deportista significa todo, creo que cualquiera sueña con llegar. Y poder cumplir ese sueño con 19 años… la verdad es que hasta que no esté ahí no voy a poder creerlo, necesito vivirlo aunque sea un momento. Imagino que será lo máximo, tratare de disfrutarlo, y más sabiendo que toda mi familia irá a apoyarme: ¡Eso suma muchísimo!