Ezequiel Romero empezó en el ciclismo a los 4 años (hoy tiene 39) junto a su padre. Desde 2013 compite en tándem junto al entrerriano Raúl Villalba, quien se había iniciado dos años antes. “Arranqué como un hobby, al conocer por entonces a Albert Natkemper, un corredor ciego guiado por Martín Ferrari, el técnico del equipo nacional”, cuenta Raúl. Y fue el mismo Ferrari quien gestó la unión de esta dupla: “Me propuso que guiara a Raúl y eso me movió las fibras más por lo humano que por lo deportivo”, confiesa Ezequiel, más conocido como Kelo.

Segovia es un lugar especial para ambos. En diferentes ediciones de la Copa del Mundo de Ruta pero en la misma ciudad española pedalearon por primera vez luciendo la camiseta nacional. Desde entonces juntos lograron notables progresos, como repasa Romero: “Se logró que Argentina tenga un tándem competitivo; antes la brecha era muy larga y hoy vamos a disputar los certámenes, a pelearlos. Los avances se van notando en cada confrontación y en los registros que vamos bajando en cada competencia y batimos nuevos récords nacionales”.

Con el respaldo del Enard, la Secretaría de Deporte y la Federación Argentina de Ciclismo, el tándem completó un largo proceso de preparación que llevó más de dos años, porque para conseguir una plaza en los Juegos se deben sumar puntos en Copas del Mundo, Campeonatos Mundiales y eventos de nivel homologados por la Unión Ciclista Internacional. “Este ciclo clasificatorio concluyó en marzo, en el mundial de pista en Italia”, detalla Romero, que agrega: “En cuanto a la preparación comenzamos el último ciclo en enero en San Luis, haciendo trabajos en la montaña para ir preparando lo que fue la puesta a punto en Navarra, España, en la alta montaña. Trabajamos en conjunto con Live Biking Pro en la parte física, el nutricionista Luciano Spena y los técnicos Juan Carlos López y el Pampa Ferrari. Además de los apoyos mencionados, Villalba cuenta con la contribución del gobierno provincial de Entre Ríos y de la municipalidad de Concepción del Uruguay; mientras que a Romero lo apoyan el municipio de Almirante Brown y Sami Salud.

Claro, a estos patrocinios se le suman muchos otros apoyos, a veces silenciosos, como las familias, y pequeños gestos que dicen mucho: “Antes de viajar a terminar los entrenamientos se nos rompió la bicicleta y en un gesto de grandeza y humildad Martín Kremenchuzky nos prestó la suya”, agradecen.

Ejemplo de trabajo en equipo, ambos tienen además otras ocupaciones: Raúl trabaja en el área uruguayense de discapacidad con el deporte y cultura, mientras que Kelo tiene un comercio, una escuela de ciclismo y colabora como técnico auxiliar en el proyecto de los Juegos Olímpicos de la Juventud 2018.

Compañerismo, empatía, amistad. Así, pedaleando juntos enfrentarán en Río de Janeiro a las potencias mundiales como Polonia (campeón mundial), Inglaterra (campeón olímpico), España, Holanda y Australia, “que son los que en verdad están un escalón más alto”, reconocen.

Romero acomoda los tantos, pero deja abierta la puesta a la esperanza: “Nosotros somos realistas; una medalla es un sueño muy difícil pero no perdemos las ilusiones de tratar de conseguirla y dejaremos la piel con el afán de lograrlo. Nos llena el pecho de emociones y responsabilidad por dejar en lo más alto a nuestro país. Alcanzar un diploma olímpico sería un excelente resultado. En nuestra área vamos a competir con lo mejor del planeta, imaginate que solo van a la cita olímpica los primeros 32 del mundo, eso hace súper competitivo y difícil”.