“Hace varios años me dediqué a las pesas y me di cuenta de que tenía pasta”. Fue una tarde de 2012, en un gimnasio de Mar del Plata, cuando Lucas Gareca encontró un tesoro perdido. Mientras realizaba la rehabilitación tras el accidente que había sufrido en el campo (perdió la pierna izquierda), recibió una invitación de Matías Bernatene. “Me llamó, insistió y acá estoy”, cuenta Lucas, de 22 años, y uno de los pesistas argentinos con mayor proyección.

La historia indica que con apenas dos años de entrenamiento, Gareca forjó una carrera. Su nombre comenzó a circular en el ambiente y se instaló definitivamente en 2014, cuando levantó 147 kilos en la categoría hasta 97 kilos, se quedó con el récord parapanamericano y obtuvo el Mundial Junior en Dubai, Emiratos Arabes. Fue, en definitiva, una excelente carta de presentación. “Ahí aprendí y entendí que nada es imposible”, destaca.

En la rutina de cada día, en Mar del Plata, Gareca no tiene descanso y se fija metas: “En el entrenamiento llegué a levantar 167 kilos, una muy buena marca. Pero una cosa es practicar y otra, competir. Es otra mentalidad, otra preparación y otra presión. Lo bueno es saber que puedo hacerlo”.

“Soy muy fuerte de la cabeza y quiero quedar como la persona que más kilos va a levantar en la historia. Sé que no será sencillo, pero quiero que el día de mañana la gente entre a Google, busque esa información y aparezca mi nombre”, sueña Gareca, acostumbrado a soñar en grande. “Mi consejo para las personas con discapacidad es que no se encierren. Los invito a que abran la mente y a que conozcan todos los deportes. Tenemos que seguir avanzando. El deporte es una gran salida”.