La carrera de Lucas Díaz le presenta una nueva oportunidad. Pasó mucho tiempo desde su actuación en los Juegos Paralímpicos de Río 2016, donde fue diploma. Y ahora está ante otra gran oportunidad: el Mundial de Portugal.

Después de Río, Lucas cerró el 2016 consagrándose campeón sudamericano. Esa fue su última competencia oficial: sufrió un desgarro en el hombro que lo marginó por un año y cuatro meses. A fines de 2017 intentó retomar y se encontró con un problema lumbar que estiró la recuperación hasta este año.

En abril de 2018 decidió no operarse y regresar a los entrenamientos. “Si me operaba, me perdía la chance de pelear por un lugar en Tokio 2020”, le cuenta a Paradeportes. Luego de varias semanas, se sintió bien y participó del Selectivo Nacional: fue uno de los dos ganadores y se aseguró una plaza en el Mundial que comienza el 22 de agosto.

Ahora se encuentra junto a Ariel Atamañuk, el otro atleta clasificado, y Alejandro Druziuk, el entrenador, en la ciudad de Montemor-o-Velho, preparándose para la máxima cita del año. “Estoy tranquilo. Siento que tengo una madurez mental diferente. Disfruto más competir, independientemente del resultado”, reconoce.

Años después de su última competencia, Díaz no pierde el espíritu competitivo y se pone metas altas: “La expectativa es poder llegar a la final A. Uno siempre quiere ganar y salir primero, pero hay muy buenos atletas. Vamos a ver qué sale, voy a dejar todo. Quedar entre los diez mejores sería increíble, después de estar tanto tiempo parado”.

Su carrera le presenta un nuevo desafío personal. Ahora debe demostrarse a sí mismo que sigue siendo un competidor de talla internacional: “Para mí es como un bonus track. La idea era estar bien para el año que viene y ahora estoy a días de un Mundial. Quiero disfrutarlo y saber que di el máximo”.