“¿Una nota ahora? Dale”. Lucas Rodríguez acepta y aclara. “En estos momentos estoy haciendo fisioterapia porque tengo una distensión de ligamentos en la rodilla derecha. Estoy en plena etapa de recuperación”, cuenta desde su Córdoba natal.  Pasaron 48 horas de un domingo especial, en el que Lucas marcó el gol para la consagración de Municipalidad de Córdoba en el Campeonato Nacional de fútbol para ciegos.

“En el balance fuimos los mejores. Logramos 28 de los 30 puntos en juego, hicimos 25 goles y nos metieron sólo uno. Municipalidad de Córdoba es muy fuerte en la defensa y contundente en el ataque”, explica Lucas, quien nació con retinosis pigmentaria y ya desde chico tuvo que acostumbrarse a leer en braille y usar bastón.

Lucas Rodríguez es un amante del deporte. Mejor que lo cuente él. “A los 10 años empecé a jugar en equipos de ciegos y siempre me gustó”. Comenzó en la Unión Cordobesa, luego pasó a Güemes hasta que llegó a River, en el 2005. “Fueron tres años muy buenos. Compartí el plantel con Silvio Velo, salimos campeones. Y después vine para Municipalidad”, relata.

Eso sí, asegura que su corazoncito es de Belgrano. Y no lo oculta, al contrario. ¿Quieren un ejemplo? Durante el Mundial de Tokio, Lucas hizo el gol de la victoria de los Murciélagos contra Colombia y lo festejó tapándose un ojo. “Y, sí, soy Pirata. Cuando puedo voy a la cancha. Ya estuve con el plantel, me saqué fotos con los jugadores, re buena onda todos”.

Justamente con los Murciélagos obtuvo el subcampeonato en Japón, hace unos pocos días. “Hicimos un excelente torneo, y estuvimos ahí de ganarle la final a Brasil. Estoy con la Selección desde 1998, jugué seis Mundiales, cinco finales. Juego en la defensa pero siempre usé la camiseta número ocho. Y a veces hasta hago un gol”, dice, entre risas.

Mientras piensa en los Juegos Parapanamericanos de Toronto, Lucas reparte su tiempo entre el gimnasio y el trabajo, en la oficina de Deportes de Córdoba, donde es ayudante de los profesores en el área de personas con discapacidad. Ahí mismo donde está Carina, su mujer, que es psicóloga deportóloga. “Ella está en todos los detalles. Este año tuve un par de lesiones y en un momento pensé que tenía que retirarme. Pero ella me bancó y seguí. Ella siempre me banca”, expresa, con felicidad.

En el final, una reflexión del Día del Deporte Paralímpico que se celebró por primera vez en la Argentina. “Fue una buena iniciativa. Ojalá que siga creciendo y haya más fiestas como la del Luna Park. Es bueno para la sociedad, para que vea que personas con discapacidad puede desarrollarse bien, y eso es positivo. Ojalá pueda estar el próximo año”.