Emanuel Llanos hace un alto en su vida y atiende el llamado a la hora pactada. Luego de una jornada intensa en el CENARD, donde cada día se entrena en doble turno y estudia, este joven de 19 años que nació con una Hipoacusia Neurosensorial Profunda Bilateral escucha atentamente las preguntas gracias a ese implante que combina un procesador de audio externo y uno que se coloca bajo la piel.

Emanuel es un crack de la natación, disciplina con la que comenzó cuando tenía apenas dos años. “Al principio era una obligación, me le recomendaron los médicos para que pudiera desarrollar los pulmones. Hoy puedo decir que la natación es mi salvación”, explica. Es que desde que debutó internacionalmente, en junio de 2012, Llanos dejó en claro que lo suyo iba en serio. “En los Juegos Panamericanos de Sordos de Brasil gané cinco medallas: dos de plata y tres de bronce”, recuerda.

Así, poco a poco, Emanuel sumó millas en su carrera. Al año siguiente terminó en la octava posición en las Olimpiadas para Sordos de Sofía, Bulgaria. En el 2014, en los Juegos Deportivos Sudamericanos de Sordos que se realizaron en Caxias (Brasil) consiguió nueve medallas. Sí, leyo bien. Nueve medallas: 4 de oro y 5 de plata. Y en este 2015 participó en el Mundial de Natación para Sordos en Estados Unidos y quedó ahí nomás del podio. Quedó cuarto en los 50m y 200m mariposa.

“Mi estilo favorito es mariposa, el que me siento más cómodo. Trabajo cada día para bajar las marcas y sé que nada es imposible. En la vida aprendí que no hay que bajar los brazos”, dice Emanuel, que acuña un sueño entre ceja y ceja. “Quiero ganar una medalla en las Olimpíadas para Sordos de Turquía 2017. Es un orgullo representar a mi país”, agrega.

Atrás quedó esa sensación extraña, cuando competía con convencionales y no podía escuchar la chicarra. Entonces esperaba que una persona le apretara el tobillo y luego se lo soltara para zambullirse. Atrás quedaron bien guardados esos recuerdos en la Sociedad Alemana de Gimnasia de Villa Ballester, cuando corría detrás de una pelota y soñaba con ser jugador de fútbol.

Pero el pediatra le señaló el camino de la natación. Y comenzó, entonces, un trabajo duro. El implante coclear (es para personas con pérdida auditiva profunda y consta de dos partes: un procesador de audio externo, ubicado detrás de la oreja; y un implante interno, que seubca debajo de la piel mediante una cirugía) fue fundamental. Hubo tratamiento psicológico y lengüistico. Hubo tardes y tardes de foniatra. Claro que con el apoyo de sus padres (María del Rosario y Samuel) y su hermano mayor (Jorge), todo se simplificó. Y Emanuel demostró que cuando hay pasión, no hay límites.