A Anabel Moro la alegría la desborda. Lo reconoce cuando cuenta que se sorprendió con el llamado de Marion Laub, la entrenadora del equipo argentino de nadadores no videntes. “Estás postulada para el Olimpia al Deporte Paralímpico 2014”, le dijo. Desde entonces no puede ocultar su felicidad, e intentar manejar la ansiedad. “Estoy esperando que llegue el 16 de diciembre. La verdad que no esperaba que me llamen. Todavía estoy emocionada”, confiesa.

“Es una premiación más que importante, y ganarla sería un sueño. Ni hablar. No es cualquier premio. Son los Olimpia”, dice Anabel Moro, la nadadoraespecialista en 100 metros estilo pecho que ya participó en tres Juegos Paralímpicos, y se prepara para el cuarto. Hoy, vive una realidad que nunca se imaginó. NI siquiera cuando tenía 14 años y participaba en los torneos regionales de natación en su Salto Grande natal.

Justamente a los 14 años comenzó con problemas visuales congénitos que derivaron en la ceguera. “De pronto me encontré en una situación extraña. Pero al estar involucrada en el ambiente acuático me ayudó mucho, y la natación me sirvió para ponerme en el camino del deporte”, explica hoy, a los 35 años.

“En el 2002 empecé a entrenar en Alto Rendimiento, y los resultados llegaron enseguida. Fue así que clasifiqué a los Juegos de Atenas y eso fue un shock para mí. Fue un avance gigante en poco tiempo, y con una muy buena marca: terminé novena”, recuerda. Después, en el 2004, llegó Pekín, donde volvió a mejorar su registro y repitió la novena ubicación. Cuatro años más tarde, Londres. “Pasé a las finales, me metí entre las mejores ocho y clasifiqué en el séptimo lugar. Hice la mejor marca de mi carrera”.

Ahora apunta sus cañones a Río de Janeiro 2016. ¿Y después? Tiempo al tiempo. “Los Juegos de Río me van a servir para ver dónde estoy. Mi futuro va a depender de los resultados que consiga”. explica. De todos modos, no oculta que piensa hacia adelante y no descarta dedicarse al triatlón porque “una disciplina, la natación, ya la tengo”. Aunque también analiza hacer docencia desde su experiencia.

Pero para el futuro todavía falta. Hoy Anabel disfruta de su hija Nadia, de 16 años, que también hace natación. Y se alegra cuando escucha música variada porque le dan ganas de bailar. “La natación es mi pasión, mi trabajo, y mi sostén. Es todo”, reconoce. Diez años, tres Juegos Paralímpicos. Un privilegio de unos pocos.