José Luis López, ciego de nacimiento, tenía 12 años cuando visitó la cárcel de Olmos para llevarle un presente a los presos que fabricaban libros en sistema Braille. Allí, una tarde de diciembre de 1992, nació su pasión por el ajedrez. “Un preso me enseñó cómo eran los tableros adaptados. Me explicó los rudimentos básicos y me quedé con la intriga”, recuerda López, con sus flamantes 37 años.

Aquella interacción con uno de los presos fue el impulso que motivó a José Luis a aprender a jugar al ajedrez. Tuvo que esperar tres años para poder dar sus primeros pasos. Fue en la secundaria, cuando se promocionó un taller extracurricular. “Levanté la mano y me anoté. Jugué contra gente que no tenía problemas visuales y así, poco a poco, me fui animando”, dice.

López, que tiene glaucoma congénita, reparte su tiempo libre con el fútbol -representa a Huracán en la Liga Nacional- y el ajedrez, disciplina que lo enamoró desde muy joven. “Hay muchas facetas a trabajar como el razonamiento, la toma de decisiones y el cálculo matemático. Es una actividad lúdica que podés compartir con amigas. Es una de las más inclusivas que existen: podés jugar un mismo torneo con gente que ve, con gente de 70 años, con chicos”, explica. “En el fútbol, si no estás bien físicamente, no podés jugar”, aclara.

Antes del ajedrez, faceta en la que según él mismo reconoce es en la que mejor se desarrolla, López pasó por el goalball, disciplina exclusiva para ciegos. “Estuve en la Selección entre 2005 y 2007 y participé de un Panamericano y un Mundial. También jugué al torball pero no pude viajar al Mundial porque me fracturé un hueso de la mano”, relata.

Con el paso del tiempo, López se afianzó con el ajedrez. Lo empezó a querer. “Tiene cosas del arte, de la ciencia, de entretenimiento”, indica. ¿Tiene similitudes con el fútbol? “Los dos son estratégicos y en ambos conviene tener un plan de juego”, responde el padre de Tomás, su hijo de siete años.

La rutina de José Luis comienza bien temprano en el Ministerio de Economía. La vuelta a su casa de Moreno, pasada las 18, es lo mejor del día. Porque se reencuentra con su pareja, Carolina. Y porque se prepara para el Panamericano de ajedrez que se realizará en Panamá del 29 de octubre al 4 de noviembre.

“Con Carolina estamos juntos hace cuatro años. Nos conocimos en un torneo de ajedrez en Puerto Madryn. Ella también es ciego y es campeona femenina nacional. Podemos compartir la pasión por el ajedrez”, dice, con una sonrisa en su boca.

“Las reglas con el ajedrez convencional son muy parecidas. Hay una adaptacion en el tablero, que generalmente es de madera. También en las piezas. Las casillas negras están ligeramente levantadas para diferenciarse de las blancas. Cada casillero tiene un agujero y cada pieza tiene un clavito o una espiga abajo para encastrarlas en el casillero”, explica López. Y sigue: “En una partida oficial entre ciegos hay que anunciar la jugada mediante el sistema algebraico: números y letras. Las filas están enumeradas y las columnas, deletreadas. Si digo E4 el adversario sabe qué quiero decir y cada uno va a haciendo la jugada en su tablero”.

El ajedrez le permitió a José Luis cumplir sueños. Más allá de los cinco títulos a nivel nacional, y del segundo puesto en el Panamericano 2012 de San Luis, se dio el gran gusto. En una exhibición de partidas simultáneas se midió con el ruso Anatoli Karpov. “Fue un recuerdo imborrable. En el fútbol no puedo jugar contra Riqueme o Palermo. Al ajedrez sí puedo enfrentar a los Grandes Maestros. Eso es lo mágico del ajedrez”.