“Mi desafío personal es saber hasta dónde puedo llegar. Me gusta competir y amo los deportes”. Lo dice José Daniel Vera, ciego desde hace 10 años por glaucoma, una enfermedad que disminuye la visión de manera gradual. Hoy, a los 46 años, Vera no se cansa de practicar diferentes disciplinas. Ya hizo tenis, remo, canotaje, running y ahora suma el tiro con arco.

“Un ciego de nacimiento desarrolla temprano los otros sentidos. Lo hace naturalmente. Lo mío fue al revés porque tuve que pasar por un proceso de aprendizaje y tuve que adaptarme a perder la vista. Ser ciego no es un impedimento. Sé que tengo la ventaja de haber visto”, explica Vera. “No me quedó otra que aprender a leer en Braille, aunque la tecnología te da una mano muy grande”, agrega.

Comenzó con el tenis, con Eduardo Rafetto. “Fue recreativo en un nivel inicial y el primer paso. El envión para darme cuenta que hay que animarse”. Y se animó. En la actualidad sale a correr y hace canoa hawaiana. “Hago tres deportes por semana como mínimo. Corro entre 10 y 15 kilómetros y hasta me animé a hacer aventura”, indica.

En los últimos meses encontró una nueva pasión: el tiro con arco. Cada miércoles se toma el tren en Santos Lugares, luego un colectivo y entonces se encuentra con su entrenadora Rebeca Serrano en Luján. “Lo practiqué por primera vez en Palermo. Fue como un desafío y me enganché. Pero si quiero competir tengo que dedicarle tiempo y esfuerzo. ¿Por qué no soñar con participar en un Juego Paralímpico?”.

Muchos se preguntan cómo hace un ciego para practicar tiro con arco. Quién mejor que Vera para explicarlo. “Lo hago a través de un aparato con mira táctil que me consiguieron de Estados Unidos. Y con un trípode que en la parte alta tiene una punta que contacto y le voy dando dirección y altura. A partir de ahí, es cuestión de colgar la flecha y tirar”, relata con simpleza.

Entre deporte y deporte, Vera se hace un tiempo para trabajar en su consultora. “Soy un laburante independiente y eso me ayuda para poder bancarme los gustos. Siempre te buscan en recursos humanos. Cuando el país está bien, te buscan las empresas. Cuando el país está mal, te busca la gente para conseguir empleo”, dice, entre risas.

Vera derrocha alegría y optimismo, y sabe que su familia es un bastión importante. “Mi mujer y mis dos hijas me acompañan y me dan libertad para poder hacer todo. Creo que lo que hago es un ejemplo para ellas para que vean cómo salir adelante y lo demuestro con los hechos. Siento que si puedo hacerlo, lo pueden hacer otros. El deporte me aporta, además, un beneficio físico. Y es bueno en lo social porque a través del deporte conocí gente. Está claro que se pueden hacer muchas cosas, la cuestión es decidirse”.