De los desafíos que se le presentaron en la vida, Alejandro Palavecino cuenta el que lo involucró en la esgrima. Ya le había diagnosticado la paraplejia incompleta y despuntaba su pasión en el deporte con la natación, cuando el entrenador de esgrima, Alberto Souza, le alcanzó un florete y le dijo: “A ver si tenés pasta de campeón”.  “Nunca había agarrado un arma, pero lo hice con naturalidad. Y al técnico le gustó. “, relata Palavecino. Así, casi de casualidad, empezó su camino.

Claro que a la casualidad siempre hay que ayudarla, y Palavecino se encargó de que así sea. “Yo me daba cuenta que había perdido fuerzas en las piernas. Nunca se confirmó el motivo. Algunos me dijeron que fue a causa de un golpe, que me reventó una arteria. Pero no me quedé. Aposté por salir adelante. Y el deporte fue mi gran incentivo”, explica desde su casa en Villa Raffo, el barrio de siempre.

“Empecé con natación, como parte de la recuperación. Me enseñaron a nadar y enseguida metí buenos tiempos: inclusive gané premios en Independiente”, dice y no puede dejar de mencionar a tres mujeres que lo guiaron. “Wanda Holtz, Valeria Garibotto e Ivanna Consolé fueron determinantes. Siempre voy a estar agradecidos a la mano que me dieron. Me llevaron al deporte adaptado”, reconoce.  Después de la natacion, llegó la esgrima.

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Participó con éxito en el primer Torneo Nacional, y por su buena actuación viajó a Brasil para jugar el Torneo Regional Americano, donde el equipo argentino consiguió el tercer puesto. A partir de ahí, su carrera fue en ascenso. “Sumé experiencia, competí contra potencias y participé de los Juegos Paralímpicos de Londres 2012. Una experiencia única, maravillosa”, dice. “Fueron 24 días increíbles en la Villa Olímpica, a veces pienso que estoy tocado por una varita mágica”, agrega. Fueron 10 competencias, 5 asaltos en florete, y otros 5 en espada. “Estuve muy cerca de vencer al número dos del mundo: perdí 5-4”.

Ahora, mientras se recupera de una infección que lo tuvo a maltraer, Palavecino se prepara para viajar a Canadá para competir en el Regional Americano y la Copa del Mundo, ambos en Montreal. “Viajamos el 23. Nos favorece tener dos torneos en el mismo lugar porque nos instalamos”, dice. Pero su objetivo, claro está, es el Mundial que se desarrollará en Eger, Hungría. “Es el compromiso más importante del año, el que me puede dar la clasificación a Río de Janeiro”.

Pero ya habrá tiempo para pensar en el futuro para este apasionado del deporte que de niño practicó fútbol. “Me probé en River, pero no quedé”, indica. Y que también probó con el ciclismo, el kick boxing, el boxeo. Pero que ahora, entre entrenamiento y entrenamiento, aprovecha su tiempo y, cuando puede, toca la guitarra. O va a dar una mano al restaurant de María Fabiana. ¿Qué hace? “De todo. Soy su mano derecha, pero también me las rebusco en la cocina: preparo empanadas”, revela.

Así es Alejandro Palavecino, al que parece que las 24 horas del día no le alcanzan. El que arregla sus propias armas antes de cada competencia. El que fue número 13 del mundo en el 2013. El que agradece el apoyo de su familia, del Enard, de la Municipalidad de 3 de Febrero, de María Fabiana. El que se propuso termina el secundario este año. ¿Alguien duda que lo logrará?