El honor de portar la bandera argentina en la ceremonia de apertura de los Juegos Paralímpicos es de Gustavo Fernández, el tenista Top 10 mundial que este año se coronó nada menos que en Roland Garros y en 2015 fue campeón de dobles en Wimbledon, junto al francés Nicolas Peifer.

La cita carioca será la segunda para el tenista cordobés y le llega en el mejor momento de su carrera. Pasó gran parte del 2016 compitiendo en el exterior, sumando experiencia y victorias. Pero regresó al país en el tramo final de la preparación para la gran cita carioca.

El Centro Asturiano de Buenos Aires es su lugar de entrenamiento desde que tiene 14 años: “Con Fernando San Martín, mi entrenador, tenemos una relación casi de pareja porque estamos todo el día juntos, viajamos juntos, dormimos juntos, je je… Obvio que hay discusiones, pero tenemos muy buena relación”. Cuenta con el valioso apoyo del Enard, pero sabe que el gran sostén de todo es su  familia, que siempre lo apoyó y lo aconsejó bien.

“Nunca me puse a ver si era discapacitado o no, siempre hice lo que quería sin ningún problema, lo tomé con mucha naturalidad. Creo que esa actitud me ayudó a ver y a entender la discapacidad con naturalidad”, analiza. Cuando tenía un año y medio sufrió un infarto medular que determinó su parálisis. Contar con una familia de deportistas fue vital: es hijo de Gustavo Lobito Fernández, quien se destacó en la Liga Nacional de Básquetbol, y hermano de Juan Manuel Fernández, actual base del Basket Brescia Leonessa de la Serie A2 italiana y con un gran paso por la Selección Argentina.

-Después de colgarte el oro parapanamericano en Guadalajara y en Toronto, ¿cuál es tu objetivo para Río de Janeiro?

-Ganar los Parapanemericanos es buen parámetro., pero en el tenis adaptado los niveles más altos están en Europa. Voy con muchas expectativas. Obviamente que la idea es ir a pelear una medalla.

-¿Y qué sensaciones se movilizan por portar la bandera?

-Jugar para tu país, en cualquier torneo que sea, es algo muy especial. Los Juegos Olímpicos son muy distintos a cualquier otro torneo en la que uno pueda llegar a participar. El hecho de estar en la Villa Olímpica, de convivir con los otros deportistas, es de las experiencias deportivas personales más lindas que podés vivir.