En 1996 Gabriel Copola sufrió un grave accidente mientras entrenaba con su bicicleta de carrera y desde entonces tuvo que desplazarse en una silla de ruedas. Pero no dejaría el deporte: Daniel Hayland, uno de los jugadores de tenis de mesa adaptado más importantes de la historia argentina, fue quien lo impulsó a esta nueva disciplina. “Lo vi en un programa de Susana Giménez, que había invitado a medallistas olímpicos y paralímpicos de Atlanta 1996. Me dedico al tenis de mesa desde los 15 años y desde el primer día que agarre una paleta no pude dejar de jugar”, cuenta. Era 1999 y comenzó en el Centro de Discapacitados de La Matanza (Cedima). Ese mismo año representó por primera vez a la Argentina, en torneo Parapanamericano de México.

Es licenciado en Educación Física y aunque recibe el apoyo del Enard y la Secretaría de Deporte, trabaja como docente universitario: “Doy clases en la Universidad Nacional de La Matanza, en el profesorado de Educación Física de Luján y en el Servicio Penitenciario Bonaerense”, detalla. Además, cuenta con tres patrocinadores: Butterfly (equipamiento de tenis de mesa), Sunrise Medical y Loh Medical (silla de ruedas y almohadón).

Con Lionel Messi y Emanuel Ginobili como referentes deportivos, Gabriel creció en esta disciplina: “Luego de los Paralímpicos de Londres 2012 me convertí en un jugador más experimentado, logré títulos impensados en Europa y América y hasta llegué al número 5 del mundo en mi categoría”.

-¿Cómo fue el proceso de preparación de cara a Río 2016?

-Entrené un promedio de cuatro horas por día. Estuve viviendo un mes en China, entrenándome todos los días en doble turno, y jugué dos torneos del circuito mundial. Después de este esfuerzo, voy con la expectativa de jugar lo mejor que pueda y llegar lo más lejos posible.
Enfrente tendrá al chino Feng Panfeng y al alemán Thomas Schmidberger, dos rivales durísimos, pero no serán los únicos: “El resto también son muy fuertes y por eso se clasificaron a los Juegos”, reflexiona.

“Ser parte de la delegación paralímpica es magnífico; una emoción muy grande por la oportunidad de poder representar a mi país en el acontecimiento deportivo más importante”, concluye. En Londres estuvo cerca de llegar a cuartos de final y significó para él “un antes y un después” en su carrera. Río de Janeiro asoma con clima de revancha.