Cuando en 2009 se presentó en la pileta con más de 30 años y preguntó qué tenía que hacer para participar en los Juegos Paralímpicos de Londres 2012, todos le dijeron que estaba loco. Pero el español Javier Hernández, que nació sin brazos, demostró que era un loco muy cuerdo y convirtió el desafío, y toda su vida, en una historia de inspiración.

“Antes de tocar el agua y saber si estaba fría o caliente, le pregunté al entrenador que había que hacer para ir a los Juegos Paralímpicos. No se le cayó el traje de baño porque lo tenía atado, pero el hombre alucinó. Pensó: ‘Pero este enajenado quién es'”, contó Hernández, que transformó su experiencia en un libro y una conferencia motivacional que llevan como título “De los pies a la cabeza”.

Hernández no sólo logró entrar en el equipo español que viajó a Londres, sino que consiguió nadar la final de los 50 metros espalda y obtuvo un diploma paralímpico. Fueron tres años de esfuerzo sostenido. Seis días a la semana con entrenamientos de mañana y tarde. Cuarenta horas de entrenamiento en la pileta durante tres años. “Al final, todo es lo que tú imaginas y en lo que tú creas. Nos han educado para ser demasiado conservadores con nuestra propia vida. Nosotros les decimos a nuestros hijos que estudien para el diez, que no basta con sacar un cinco, y luego vivimos para sacar un cinco. Yo creo que nos lo tenemos que replantear porque, al final, las principales limitaciones están en la cabeza”, sostiene.

El español Hernández nació hace 35 años sin brazos y con una importante dismetría en las piernas. De niño visitó Estados Unidos, se sometió a diversas operaciones y llevó incómodas prótesis. Casi todo sin éxito. Pero en ese proceso, construyó la máxima sobre la que asienta su vida y su mensaje: “Me centro en lo que tengo, y no en lo que me falta”. Así, Hernández convirtió sus pies en sus manos. Su habilidad para teclear, comer o limpiar los anteojos con los dedos de sus pies es algo que fascina a quien no lo conoce, por eso utiliza los primeros minutos de su conferencia para satisfacer esa curiosidad.

Hernández, que abandonó una prometedora carrera como periodista deportivo para zambullirse en el sueño olímpico, no concibe la vida sin nuevos retos: ahora quiere ser entrenador de fútbol en la Argentina. “El mismo que tiene, por ejemplo, Diego Simeone. Sin querer decir que tener el título te haga entrenar como Simeone”, bromea.

“Si haces cosas pasan cosas. El espíritu es llenar el llavero de llaves y luego ya veremos qué puerta puede abrirse. No sé por dónde va a ir el futuro, pero entiendo que al futuro se llega día a día, no hay otra manera”.