Nació en Avellaneda, vivió en Córdoba y en Miramar, pero Mar del Plata es su lugar en el mundo. Allí Matías De Andrade recibe el apoyo del Ente Municipal de Deportes y Recreación del Partido de General Pueyrredon (EMDeR), de la Secretaria de Deporte marplatense, de la fundación Juan Curuchet y del club Honu Beach, además de las becas oficiales.

Su primer contacto con el deporte se dio cuando tenía 5 años y su padre lo mandó a hacer natación pero lo competitivo llegó después: “Empecé a entrenar a partir de los 11, cuando una entrenadora me dijo que tenía que competir. A los 15 años comencé a dedicarme al deporte de manera más profesional. Ya a los 17 lo elegí definitivamente como mi estilo de vida. Edith Arraspide, actual técnica nacional, me asesoró sobre el tema y me dio la posibilidad de competir al nivel actual que estoy”.

En 2009 disputó, en Colombia, su primer torneo internacional representando a la Argentina, el Parapanamericano Juvenil. Desde entonces, sus avances son notorios: “Mejoré mucho mentalmente, y maduré como deportista, ahora soy alguien que disfruta más el competir, que busca objetivos claros, sin miedos a la competencia de cara siempre a dejar lo mejor y analizar luego los resultados obtenidos, sean buenos o malos”.

Abocado de lleno al deporte, sus logros son una consecuencia de su esfuerzo: entrena de lunes a sábado en sesiones de entre 2 a 3 horas cada una, además de completar un doble turno dos veces a la semana y otras tres rutinas de una hora de gimnasio tres veces a la semana. Y la actividad no se termina ahí, él mismo lo detalla: “En total sumo once sesiones semanales, pero además estoy con médico deportólogo, masajista, nutricionista y psicóloga deportiva. Adicional a todo esto, hay que cuidarse de las comidas y respetar los descansos adecuados para que los entrenamientos sean lo mejor posible”. Y puntualiza en agradecerles a José Luis Campos y Ezequiel Valdez, su entrenador día a día.

Federico Grabich es su ídolo en la natación convencional, al que suma al brasileño Phelipe como modelo dentro de la natación paralímpica. En Río de Janeiro competirá en los 100 metros espalda, prueba en la que destaca como principales adversarios a Brasil, Rusia, Ucrania, Gran Bretaña y Croacia. Esta será su segunda cita paralímpica y tiene como meta alcanzar la final, además de “disfrutar cada momento del máximo evento deportivo, dar el 120% de mi rendimiento y lograr la mejor posición posible para la Argentina”.

-¿Qué otras expectativas se movilizan ante una competencia de tamaña magnitud?

-Ir  a los Juegos Paralímpicos significa muchas cosas desde el lado sentimental. No solo estás formando parte de la máxima elite mundial en deportes sino que sos uno de los pocos seleccionados de tu país para poder representarlo. Orgullo, honor, alegría… son algunas de las emociones que aparecen más frecuentemente pero también una emoción personal de haberte ganado ese lugar con tanto sacrificio y esfuerzo, que es el sueño mayor al que uno puede aspirar si le gusta el deporte. Un sueño que cada vez se hace más cercano y cada vez te lleva a soñar más alto.