Fernando Cañumil tenía 24 años cuando rescató a dos jóvenes que se estaban ahogando en Bariloche. Les salvó la vida, pero la suya cambió. Aquel 24 de diciembre de 2002, Cañumil sufrió una luxación cervical que le provocó una cuadriplejía. La pasión, sin embargo, la mantuvo intacta.

A los 17 años, Cañumil ingresó como bombero voluntario de General Pacheco, y también a la escuela de Prefectura para ser buzo. Se dedicó a ayudar. A salvar vidas. Ni siquiera aquel accidente de hace 14 años le modificó el escenario.

Habían pasado cinco meses del accidente cuando Cañumil se presentó en el cuartel de bomberos en una silla de ruedas. Fue el Comandante General Eduardo Cornejo el que lo recibió con los brazos abiertos y le dio la bienvenida. Fernando se dedicó a realizar tareas administrativas y si salían servicios se quedaba en la guarda atendiendo la radio y los teléfonos.

El último 24 de diciembre, fecha imborrable para su vida, no brindó con su familia. Minutos antes de la 12, escuchó la sirena, se subió al auto y salió. Se sumó al equipo para combatir un incendio en Don Torcuato. Cañumil, que hoy cumple 39 años, filmó el trabajo de sus compañeros, a metros del fuego. Con valentía. Con pasión. Con la convicción que siempre tuvo y que nada lo detuvo.

“Fernando, además de ser una excelente persona y un gran compañero, es un luchador de la vida y un ejemplo por su forma de mirar y superar la adversidad. No no sólo sigue cumpliendo servicios en bomberos, también trabaja en la secretaria de protección ciudadana de la Municipalidad de Tigre, donde sus jefes Eduardo Feijoo y Diego Santillán lo nombraron Director del gabinete de análisis de imágenes criminológicas. ¿Que más te puedo decir de Fernando? Que escucha la sirena se sube al auto y sale. Un apasionado”. Lo dice Norma, que lo conoce desde hace 23 años y que hace 11 que están en pareja.