Giselle Muñoz era muy pequeña cuando descubrió su pasión por el tenis de mesa. En realidad fue Leonardo Mariño, su primer entrenador, el que tuvo esa visión en CEDIMA (Centro de Discapacitados de La Matanza). “Tenés muchas cualidades. ¿Te animás a participar?”, fue el elogio con invitación. Y fue el primer gran paso.

“A mi me gustaba la natación, pero no era muy buena. Con el tenis de mesa me di cuenta que me podía destacar. La primera paleta la agarré a los 12 años, y al año siguiente me federaron. A los 14, participé en el Abierto de Estados Unidos. Fue una experiencia increíble”, recuerda Giselle, desde su casa, mientras atiende los pedidos de Martina, su hija de un año y medio.

En el circuito paralímpico, Giselle tiene coronita. O no. Depende como se lo mire. “Soy la única mujer que participa. Bueno, en realidad ahora surgió Mayra Riquelme, al menos somos dos”, explica. ¿Contra quién compite? “Contra los varones. Siempre contra varones. Para mí ahora es algo normal, pero al principio era complicado. No les gustaba que les gane una mujer”, agrega.

Giselle Muñoz tiene cuatro Juegos Paralímpicos sobre sus espaldas, pero el de Sidney 2000 es el que se lleva los mejores recuerdos. “Recibí una Wild Card porque era menor de edad, tenía 16 años. Le gané un partido a la japonesa, pero perdí con la representante de Francia. Quedé afuera por la diferencia de set. Fue una experiencia maravillosa”.

También participó en cuatro Mundiales, y a la hora de elegir se queda con el de este año, en Beijing, donde se colgó la medalla de bronce. “Llegué muy bien preparada. Y mucho tuvo que ver Alejandra Gabaglio, su entrenadora. “Es muy organizada y entonces en lo único que tenés que pensar es en competir. Hay cero posibilidades de sufrir sobrecargas porque está en todos los detalles”, indica.

Hoy Giselle se alegra porque ascendió un lugar más en el ranking. Ahora es la número cinco del mundo. Y apunta a los Juegos Parapanemericanos de Toronto 2015. “Tengo que salir campeona para clasificar a Río de Janeiro”, apunta. “CEDIMA es todo para mí. Me cambió la vida. Es un semillero del deporte adaptado”, dice orgullosa, esta fanática de San Lorenzo que sufrió una hemiplejia de nacimiento.

En el corazon de Giselle está Martina, con la que se entrenó hasta un mes antes de parirla. Su madre Berta, un sostén permanente. Su pareja José, el mismo que le pidió la mano a su mamá para casarse. El tenis de mesa, esa pasión que descubrió cuando era apenas una niña.