A Mariano Reynoso el destino lo cruzó en un colectivo en Estados Unidos. Estaba cómodamente sentado cuando un pasajero le preguntó si quería jugar al béisbol. “No, no puedo. Soy ciego”, respondió el argentino, mientras pensaba si su interlocutor no se había dado cuenta. Fue entonces que llegó la respuesta que le cambió el rumbo de su vida: “Yo también lo soy, y juego”.

Reynoso perdió la vista a los 14 años por un tumor cerebeloso. Hasta ese entonces iba de la mano del deporte. “Jugaba al fútbol, al básquet, a la pelota a paleta, al squash. También hacía béisbol en Daom”, relata este argentino de 44 años que reside en Texas.

“Cuando terminé el secundario, en 1994, viajé a Estados Unidos para visitar a una tía y aprender el idioma. Así, entre idas y vueltas, conoció a su actual mujer, tuvo una hija, se recibió de contador y empezó a jugar al béisbol para ciegos.

“El juego se basa en el béisbol convencional. Una de las diferencias es que son seis jugadores en lugar de 9 y hay dos bases, no tres. Las bases son como una goma, una almohada de un metro de alto. La pelota tiene un tamaño un poco más grande que una de softball y pesa alrededor de 450 gramos, que en su interior posee un aparato que emite sonidos”, explica Reynoso.

El ruido que sale de la pelota se denomina Beep y sirve de orientación. Los voluntarios también colaboran e indican en qué zona cayó la pelota. “Van cantando números del 1 al 6 para diferenciar cada zona”, indica, a la vez que aclara que los jugadores participan con los ojos vendados.

En Estados Unidos se juega cada año la Serie Mundial Beep, que cada año se desarrolla en una ciudad diferente. Durante el año, hay torneos regionales. Desde 2001, Reynoso representa a Black Hawks. Sin embargo, su sueño, es que el Beep Béisbol llegue a la Argentina.