Mientras la Selección Argentina de básquet para sordos se prepara para el debut en las Sordolimpiadas de Samsun, Turquía, Manuel Perticarari se toma un respiro para ilustrar el presente de los Topos. “Defender la celeste y blanca es un orgullo. Hicimos un esfuerzo enorme para clasificarnos. Somos un grupo de laburantes que le ponemos el pecho a la situación”, cuenta el escolta del equipo de Ariel Britos.

Para marcar la diferencia entre los seleccionados, Perticarari ofrece un claro ejemplo. “Ucrania se instaló en Turquía tres semanas antes del inicio del certamen; nosotros viajamos cinco días antes. Y ni hablar de la cuestión económica. En Europa además de existir ligas de sordos, los jugadores son profesionales. Nosotros tuvimos que vender rifas para poder pagar los pasajes”, explica el hombre de Tres Arroyos.

Perticarari es hipoacúsico de nacimiento. A los 14 años dejó los audífonos porque se sentía incómodo y aprendió a leer los labios. Amante del básquet, deporte que practica desde los cuatro años, un día le surgió la posibilidad de integrar la Selección de sordos, en 2015. “Fue a través de un amigo que sabía mi problema auditivo. Lo más complejo es el tema comunicacional. En los partidos la estrategia se hace por señas y dentro de la cancha nos entendemos con la mirada”, indica.

De cara a las Sordolimpiadas, Perticarari derrocha optimismo. “El Preolímpico de Maryland nos inyectó una confianza enorme. Especialmente después de ganarle a Canadá. Ese triunfo nos potenció y llegar a la final contra Estados Unidos fue un premio”, recuerda el jugador elegido en el quinteto ideal.

¿Para qué está Argentina? Perticarari tiene bien claro el objetivo: “Después del segundo puesto en Maryland nos dimos cuenta que podemos más. Vamos a ir a Turquía por una medalla, no es algo imposible”. En el final, Perticarari le envía un mensaje a la comunidad sorda: “Les recomiendo que no tengan miedo. El deporte es orden, respeto, disciplina y amistades. Es inclusión pura”.